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La Universidad de la República (Udelar) presentó un informe diagnóstico que pone el foco en el personal Técnico, Administrativo y de Servicios (TAS) de las dependencias del interior del país. El estudio, realizado en el Centro Universitario Regional del Este (CURE), constituye la primera experiencia sistemática de análisis de las Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (CyMAT) en una sede universitaria del interior del país, y expone tanto fortalezas organizacionales como múltiples factores de riesgo psicosocial, físico y emocional.

La investigación se desarrolló entre febrero y diciembre de 2025 y fue impulsada desde la Dirección General de Personal (DGP) de la Udelar, con respaldo del Prorrectorado de Gestión y de la Comisión Coordinadora del Interior. El CURE fue elegido como caso de estudio por su ubicación geográfica, su grado de desarrollo institucional y su carácter intermedio dentro del proceso de descentralización universitaria iniciado a mediados de los años 2000.

El trabajo combinó talleres presenciales, entrevistas en profundidad y la aplicación de una encuesta estructurada de 53 preguntas, basada en instrumentos internacionales sobre riesgos psicosociales en el trabajo. La tasa de respuesta fue del 92%, equivalente a 83 de los 90 funcionarios y funcionarias TAS de las sedes de Maldonado, Rocha y Treinta y Tres que participaron del relevamiento.

Una plantilla con alta carga laboral y responsabilidades familiares
Entre las principales características sociodemográficas, el informe muestra que la mayoría del personal TAS del CURE se concentra en franjas etarias medias, entre los 35 y los 54 años, y presenta una leve mayoría femenina. Se trata, además, de trabajadores y trabajadoras con niveles educativos diversos, aunque el 69% cuenta con estudios secundarios, terciarios o universitarios completos.
Más de la mitad de las personas encuestadas declaró ser el principal sostén económico de su hogar y casi una de cada cinco tiene responsabilidades de cuidado no remunerado, lo que agrega presión sobre la conciliación entre trabajo y vida personal. En términos de trayectoria laboral, la antigüedad promedio en la institución es de 11,6 años, con una marcada movilidad interna: casi la mitad lleva cinco años o menos en su puesto actual.

La gran mayoría, un 64% cumple jornadas completas de entre 35 y 44 horas semanales, e incluso un 24% trabaja 45 horas semanales o más. Si bien el informe destaca una amplia flexibilidad horaria, con posibilidad de autogestión y acuerdos entre pares, también señala que más de la mitad del personal trabaja horas extra al menos ocasionalmente y que el 57% recibe comunicaciones laborales fuera de su horario de trabajo, lo que afecta el derecho a la desconexión.

Condiciones materiales aceptables, pero con alertas
En relación con las condiciones físicas y ambientales, el diagnóstico muestra un panorama heterogéneo. Predominan las tareas sedentarias, con largas horas frente a pantallas, muchas veces sin condiciones ergonómicas adecuadas. Cerca de la mitad del personal indicó trabajar, al menos ocasionalmente, con equipamiento informático inadecuado, posturas incómodas o movimientos cansadores.
Asimismo, entre un 20% y un 40% de los encuestados señaló problemas recurrentes vinculados a la infraestructura: temperaturas inadecuadas, ausencia de vista al exterior, hacinamiento, mala iluminación o baños en mal estado. Si bien estos problemas no afectan de forma permanente a la mayoría, el informe advierte que su persistencia en determinados espacios constituye un riesgo acumulativo para la salud y el bienestar.

Salud, automedicación y presentismo
Uno de los capítulos más sensibles del informe refiere a la salud laboral. Aunque el 96% del personal evalúa su estado de salud como bueno o regular, los indicadores de malestar son significativos. El 65% considera que su trabajo podría perjudicar su salud a largo plazo y el 59% atribuye alguna enfermedad o molestia a las condiciones laborales desde su ingreso a la institución.

El uso de medicación aparece como una estrategia frecuente para sobrellevar la jornada laboral: más de la mitad de los encuestados consume analgésicos al menos ocasionalmente, y casi la mitad recurre a relajantes. Si bien el uso de psicofármacos es menor, el informe advierte que estos datos reflejan la presencia de dolores físicos, tensiones musculares y estrés emocional sostenido.
Otro dato relevante es el presentismo: el 61% de los trabajadores admitió haber concurrido a trabajar estando enfermo en el último año. Esta práctica, según el informe, puede interpretarse tanto como compromiso con la tarea como una señal de presión organizacional o dificultades para ausentarse sin consecuencias.

Exigencias emocionales y relaciones laborales
Tres de cada cuatro funcionarios TAS afirmaron que su trabajo implica calmar a personas en estado emocional alterado, una situación frecuente en tareas de atención al público o de gestión académica. Además, el 67% señaló que debe esconder o disimular sus emociones al menos ocasionalmente, y dos tercios dijeron que a veces evitan dar su opinión para prevenir conflictos.
Si bien el clima laboral no aparece marcado por el miedo de forma generalizada, un 21% reconoció haberlo sentido alguna vez en el trabajo. A esto se suma que casi la mitad de los encuestados recibe órdenes contradictorias al menos ocasionalmente, lo que genera confusión y desgaste.

No obstante, el informe también destaca aspectos positivos: el fuerte apoyo entre compañeros, la posibilidad de consultar y resolver problemas de forma colectiva y la percepción mayoritaria de que el trabajo permite aprender cosas nuevas. El 93% del personal considera que su tarea le brinda oportunidades de aprendizaje, aunque un tercio identifica la monotonía como un rasgo permanente de su puesto.

Un insumo para la transformación institucional
El informe concluye con una serie de recomendaciones orientadas a fortalecer una política integral de salud laboral en la Udelar, con énfasis en la prevención de riesgos psicosociales, la formación sistemática en CyMAT, la mejora de la infraestructura y la promoción de ambientes laborales saludables y libres de violencia.

Asimismo, el documento se plantea como una herramienta para la transformación. Sus autores subrayan que mejorar las condiciones y el medio ambiente de trabajo no solo impacta en la salud de quienes sostienen cotidianamente el funcionamiento universitario, sino también en la calidad institucional de la Udelar en su conjunto. En ese sentido, la experiencia del CURE busca convertirse en un antecedente replicable en otros servicios y regiones del país.
 

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