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El 30 de abril la Cátedra Abierta de Derechos Humanos de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM) llevó adelante su tercer encuentro virtual. La actividad tuvo como temática «Desafíos en tiempo de pandemia para efectivizar el derecho a la educación», y contó con dos mesas de intercambio.

La actividad en la que participaron especialistas en la temática, de universidades, instituciones y organizaciones sociales, provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia, se enmarca en las instancias preparatorias de la III Conferencia Mundial de Educación Superior de la UNESCO, que tendrá lugar en setiembre en Barcelona.

La apertura del evento, que fue transmitido en vivo por el canal de Youtube de la Universidad de la República (Udelar), estuvo a cargo del rector de la Udelar, Rodrigo Arim y de Claudia Mayorga Proex, docente de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) y coordinadora de la cátedra de Derechos Humanos de la AUGM

 

«Hablar de derechos humanos es también hablar de educación»

Arim resaltó el gusto de la Udelar de participar de este evento, en el año en que AUGM, la red de universidades públicas autónomas más importante del cono sur, cumple 30 años. Señaló asimismo la significación de que el encuentro se realizara en el marco de la Cátedra de Derechos Humanos de AUGM, lo que consideró particularmente desafiante en la coyuntura actual del continente. Entiende que el desafío particular del contexto actual se presenta por razones de distinta índole, una de ellas la desigualdad estructural histórica en el continente, «asociada a brechas muy importantes, en el derecho al acceso a dimensiones constructivas de bienestar», expresó. «Por lo tanto hablar de derechos humanos en América Latina es hablar muchas veces en claves de dolor, de encuentros, de la necesidad de reflexionar», añadió. 

El rector apuntó que otra de las razones de los especiales desafíos a los que se enfrenta el continente es la coyuntura de pandemia que está generando estragos en el mundo y en particular en América Latina y el Caribe, que cuenta con el 8 % de la población mundial pero hoy registra el 35 % de las muertes asociadas al COVID-19 en el mundo. «En este contexto particular hablar de derechos humanos también se conjuga en clave de tragedia contemporánea», manifestó. La tercera razón de los desafíos, señalada por Arim fue la educación, «porque hablar de derechos humanos en un contexto tan particular es necesariamente también hablar de educación», expresó. 

Subrayó la necesidad de que las universidades reflexionen y den elementos a la sociedad para poder avanzar en el encuentro de salidas a estas desigualdades estructurales. Consideró que esta reflexión apunta también a que «las políticas públicas sean capaces de mitigar y neutralizar los efectos devastadores que en términos de derechos educativos puede generar esta pandemia». Indicó que la emergencia sanitaria desde su comienzo ha condicionado las posibilidades objetivas del cumplimiento del derecho a la educación y ha abierto más brechas. Los estudiantes que tenían mayores dificultades de conectividad y del entorno familiar para desarrollar sus clases en ese ámbito, eran los más vulnerables antes del COVID – 19 y son los que van a quedar excluidos de la educación luego de la emergencia sanitaria, si no se generan políticas públicas para atenderlos. Arim señaló que la desigualdad se conjuga también en clave de género, sostuvo que el proceso de estudiar haciéndose cargo al mismo tiempo de los cuidados del hogar, afecta particularmente a las mujeres jóvenes, muchas de las que son estudiantes en los liceos, escuelas y universidades públicas. 

 

Panelistas

La primera mesa en la que se abordó el tema «La Educación Primaria y Secundaria: principales impactos de la pandemia», tuvo como moderadora a Adriana Rodríguez Rengel, docente de la Universidad de San Andrés, Bolivia y como panelistas a las docentes Moema Gómez, de la UFMG, Erika Figueroa de la Universidad Nacional del Litoral y Alina Machado de la Universidad Nacional de La Plata.  

En la siguiente mesa moderada por Álvaro Maglia, secretario ejecutivo de AUGM, se trató el tema «La educación Universitaria y el desafío de la calidad en contexto de pandemia». En ella participaron cuatro panelistas,  los docentes Tarcisio Mauro Vago, de la UFMG, Tereza Flores de la Universidad de Chile, Miriam Kap de la Universidad Nacional de Mar del Plata y Marcelo Magnasco, decano del Departamento de Artes Audiovisuales de la Universidad Nacional de las Artes de Argentina. 

 

Defender la educación

Tarcisio Vago expresó para comenzar: «Estamos aquí para continuar nuestra lucha en defensa del derecho a la educación, especialmente a la educación pública, estamos aquí en defensa de la vida, porque todas las vidas importan, estamos aquí en defensa de las universidades, especialmente las universidades públicas, estamos aquí en defensa de la ciencia en todas sus manifestaciones». 

Señaló que Brasil pasa hoy por el dolor de la pérdida de la vida de más de 400.000 personas desde el comienzo de la pandemia y que esta situación dramática se repite en los otros países de América Latina. Recordó que en 2021 Brasil conmemora los cien años del mayor inspirador en el derecho a la educación, el pedagogo Paulo Freire y que el pasado 28 de abril se celebró el día internacional de la educación. Resaltó que en Bello Horizonte, Brasil, tienen hoy aproximadamente 32.000 estudiantes de grado, 15.000 de posgrado, y que sumando a estos los numerosos proyectos de extensión de la UFMG y los estudiantes de educación básica, llegan a un total de alrededor de 60.000 personas. «La UFMG es hoy un poquito de Brasil y del mundo», expresó. Recordó que en la Universidad de Minas Gerais cursan no sólo estudiantes brasileños sino también de Argentina, Uruguay, Perú Bolivia, Chile, Venezuela, Colombia, Paraguay, de América Central,  de América del Norte, Europa, África y en breve de Asia. 

Apuntó que la Universidad es consciente que pierde estudiantes a causa de la pandemia, no sólo por la enfermedad, sino también por las condiciones económicas extremadamente difíciles en que quedan sus familias, lo que les impide la continuidad educativa. Señaló que el papel de la Universidad frente a esto es estudiar los motivos de esa pérdida, para continuar entendiendo lo que está sucediendo con esos estudiantes especialmente los más vulnerables. «Continuaremos la ruta para que esos estudiantes retornen, para que puedan continuar desarrollando su derecho a la educación superior. Seguiremos en el 2021 con este camino que incluye políticas de inclusión digital, políticas de alimentación, políticas de asistencia estudiantil, política cultural, y lucha permanente por el derecho a la educación», expresó.

 

Evaluación y práctica educativa en pandemia

Teresa Florez se refirió a la evaluación en pandemia y a la urgencia de transitar hacia una práctica socialmente más justa. Florez consideró que existe un aspecto positivo de la complejidad del contexto de la educación a distancia, «nos ha sacado de nuestra zona de comodidad», sostuvo. La complejidad de la situación al destacar las desigualdades del sistema, desafía a los docentes plantear de otra manera los procesos educativos, entre ellos la evaluación. 

Señaló que muchas veces los docentes ven a la evaluación como un anexo de la práctica pedagógica y un tema técnico, sin embargo se la puede analizar como una práctica social. Añadió que en su grupo de estudio abordan la conexión entre evaluación y justicia social y sus dimensiones (distribución, reconocimiento a la diversidad y al saber del otro como un saber legítimo, y participación). 

Miriam Kap  por su parte apuntó que la pandemia puso en el tapete muchas cuestiones para la educación, una de ellas fue si es posible mantener la rigurosidad y la exigencia en la formación de profesionales en un contexto de distanciamiento social  y de mediaciones tecnológicas. Indicó que a pesar de estas dudas los docentes rápidamente entendieron que las instituciones «podían y debían seguir brindando espacios de enseñanza y de aprendizaje que dieran lugar a la heterogeneidad, a la diversidad y a procesos de construcción de conocimientos enriquecidos a través de mediaciones tecnológicas». 

Resaltó tres «derivas», del contexto de pandemia, una de ellas la revisión de las prácticas educativas. «El cierre de los edificios implicó una reflexión y transformaciones profundas en las perspectivas y en los abordajes de las prácticas de enseñanza», expresó Kap. Manifestó que la pandemia hizo visibles desigualdades pero también prácticas rutinarias y no reflexivas, normas y estándares que se privilegiaban antes que los derechos a las oportunidades y aprendizajes. «De alguna manera La educación pre pandemia se ocupaba de ocultar, mitigar o naturalizar o bien había encontrado estrategias o atajos para que no fuesen tan evidentes», sostuvo.Consideró que emergen en este contexto prácticas reflexivas que profundizan y se apoyan en múltiples miradas y herramientas, que incluyen temáticas transversales, significativas para los estudiantes y que les aportan experiencias creadoras de aprendizajes. 

Otra de las derivas fue visibilizar la conectividad como derecho humano. Señaló que aunque las instituciones y los docentes hicieron un gran esfuerzo para diseñar propuestas creativas, estas no llegaban a todos los estudiantes porque muchos de ellos al igual que algunos docentes no tenían acceso a los dispositivos y la conectividad. Debido a esto muchos estudiantes quedaron excluidos del sistema, invisibilizados, que no pudieron estudiar a pesar de los enormes esfuerzos de profesores de todas las instituciones, por falta de acceso a internet, a una computadora, o un dispositivo «que les permitiera habitar las clases virtuales»,. expresó Kap. «Si no hay conectividad la educación se convierte en un privilegio», afirmó y subrayó la necesidad de instalar en la agenda política, la idea de la conectividad es un derecho humano que permite el acceso a otros derechos como la educación.  

Añadió que la otra deriva fue que se puso en cuestión el significado de la idea de calidad de la educación superior, el derecho al ingreso, la permanencia y al egreso con los aprendizajes y conocimientos necesarios. En cuanto al concepto de calidad educativa que hoy se vincula con indicadores cuantificables, medibles, observables, como la tasa de egreso, abandono, deserción, entre otros, la pandemia hizo visible que era urgente su revisión. Cuestionó la idea de que haya un estándar, una medida, un parámetro objetivo para definir la calidad de la educación superior. Se preguntó si se consideran en esos estándares los procesos, la subjetividad, los impactos y el diálogo en las comunidades, los imprevistos, las colaboraciones y las emociones. También se cuestionó si hay consideración por las necesidades locales y los procesos de creación de nuevas preguntas.

 

Tiempos de pandemia: importancia del rol del Estado

Magnasco se refirió a lo que llamó «tiempos de pandemia». «El COVID-19 nos ha sumergido en un espacio digital audiovisual, con enseñanza remota, y con algunos actos de fe en algunas personas, un deseo de un retorno al pasado que ya no es», expresó. Añadió que se ha comparado este tiempo con los efectos de una guerra, lo que algunos números parecen confirmar, (en Argentina hoy hay más de 62.000 fallecidos a causa de la pandemia). Acotó que en el pasado ya existían desigualdades económicas, políticas y de acceso a la tecnología en la región y la pandemia profundizó estas brechas. 

Entiende que el sistema universitario se abocó casi en su totalidad a la formación a distancia, una modalidad para la que casi ninguno de los docentes, administrativos, autoridades y estudiantes de las universidades, estaba preparado. Destacó el esfuerzo de todos estos sectores de las comunidades universitarias que ha permitido que muchas de ellas hayan  llevado adelante este proceso de educación remota con éxito. Las clases pasaron a tomar forma de una producción audiovisual, lo que modificó el desarrollo de las mismas, además los docentes tuvieron que empezar a pensar otros temas cómo la mejor forma de colocar las luces, o cómo manejar de la mejor manera las necesidades de sonido. 

En cuanto al futuro apuntó que es «incierto e inimaginable». «De alguna manera el mundo está sucediendo en nuestras computadoras, celulares y televisores, podemos decir que estamos en una especie de imperio de las pantallas», expresó. Destacó que las personas se hicieron expertas en tecnologías que un año atrás no sabían que existían, como la plataforma zoom, o el streaming. Señaló que a los desafíos que se le presentan hoy a la comunidad universitaria se le sumarán  a corto y largo plazo nuevos retos aún más significativos. Consideró que estos desafíos posiblemente van a ser aprovechados por los grandes monopolios, grandes intereses mercantiles y financieros, interesados en la educación superior. En este sentido entiende que desde el sistema universitario latinoamericano siempre se ha tratado de construir una contrahegemonía hacia los intereses mercantilistas y financieros más relacionados con la asociación mundial del comercio y con las grandes editoriales y productoras de consumo cultural. 

Resaltó la importancia del rol del Estado en esta crisis sanitaria mundial, «que se ha convertido en una crisis humanitaria y una crisis educativa, porque las estrategias utilizadas en los distintos países demostraron que sólo el Estado es capaz de garantizar la salud de los ciudadanos», sostuvo. Para finalizar Magnasco subrayó que  «lo más importante, lo que está en primer lugar, es la salud de todas y todos, porque sin seres humanos no hay economía,  sin seres humanos no hay educación».

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