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El pago del gobierno a la casa de estudios se encuentra en un proceso “extremadamente lento”; de la deuda estimada, la Udelar recibió una factura sólo por 80.000 dólares que aún no cobró.


La Universidad de la República (Udelar) jugó un rol fundamental durante la pandemia a través de diferentes equipos de investigación. La institución se propuso en esta Rendición de Cuentas obtener más presupuesto para aumentar su colaboración durante “la salida” de la emergencia sanitaria y mantener la “calidad educativa” en un contexto en el que la matrícula se encuentra en constante crecimiento, pero se enfrenta a la falta de recursos asignados por el Poder Ejecutivo. La Udelar aún tiene para cobrar una deuda de más de un millón de dólares que el Estado le debe por su colaboración y hay otro tanto que no se calcula, como las horas docentes que permitieron que el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) funcione. Sobre la discusión presupuestal en el Parlamento, que incluye una inversión importante en el Hospital de Clínicas (HC), la vuelta a clases presenciales, su relación con el resto del sistema educativo público y el rol que jugó en los últimos dos años la Udelar, la diaria conversó con su rector, Rodrigo Arim.

 

Con la situación sanitaria más estable, la Udelar habilitó un proceso de vuelta a la presencialidad, ¿cómo va hasta ahora?

La Udelar desde abril tiene un protocolo por el cual todas las semanas anuncia cuál es la situación esperada para la próxima semana y los servicios adaptan su funcionamiento a eso. No podemos abrir a la presencialidad con poca antelación. Tiene que ser progresivo porque los estudiantes tomaron decisiones sobre dónde vivir, y cada servicio, en función de sus requerimientos, está abriendo ciertos grados de presencialidad.

Los primeros que han migrado son la Facultad de Odontología y el HC, en este momento. Las facultades donde las actividades presenciales no tienen fácil solución en la virtualidad son las primeras que están volviendo: todas las áreas de formación clínica, laboratorios, talleres como en Bellas Artes. Hay que ir recuperando espacios de presencialidad que no han sido sustituidos.

Una cosa que estamos calibrando es que Uruguay viene vacunando muy bien; no obstante, en este momento del año, el segmento de jóvenes entre 20 y 24 años tiene el menor nivel de vacunación, estamos en torno a un quinto de la población de la Udelar inmunizado.

Es muy difícil hacer futurología, pero creo que la evolución de la epidemia y de la vacunación abre un escenario donde es muy probable que no terminemos en un año normal, pero que tengamos un nivel de presencialidad muy importante. Quizás sería más cauto pensar en que vuelvan las clases masivas, pero me imagino una situación de mucha más presencialidad.

 

Con respecto a la virtualidad, ¿qué llegó para quedarse dentro de la Udelar?

La virtualidad no sustituye la presencialidad, [pero] hemos tenido logros relevantes, tasas de vinculación estudiantil, de cursada y de aprobación, en promedio, muy similares a años previos. Es una reflexión que estamos haciendo: qué instrumentos desarrollados y aprendidos por la institución pueden ser dispositivos razonables para asegurar la democratización del conocimiento y mantener los estándares de calidad que pregona la Udelar.

Quizás hay algún tipo de instancia, como las muy masivas, que se pueden sostener en plataformas digitales, y aprovechar la presencialidad para otro tipo de contacto, mucho más activo, entre los estudiantes entre sí y con el cuerpo docente en general.

Lo que sí me parece importante es construir comunidad universitaria, y eso se construye con presencialidad. Hemos hecho muchas cosas para intentar mitigar la no presencialidad y eso nos permitió sostener el funcionamiento de la Udelar. La vida universitaria y el conocimiento avanzado son una actividad social y colectiva, no un proceso individual; ese es el componente más afectado en este proceso.

 

¿Qué otros componentes se vieron afectados durante los casi dos años de virtualidad?

Hemos identificado problemas también asociados a la salud mental. Montamos el año pasado dispositivos de acompañamiento psicológico a los estudiantes y han tenido una demanda muy importante. La inserción en soledad a una institución de la complejidad de la Udelar y la formación avanzada genera angustia, estrés, sentimientos de desamparo. Hablamos de algunos centenares de estudiantes dentro de la generación de ingreso. Este año volvimos a repetir la experiencia y tenemos una demanda relativamente importante. Hay un componente afectado que es el funcionamiento más social de las personas, muchos estudiantes de la generación 2020 pueden estar al borde de haber cursado la mitad de su carrera con escaso nivel de presencialidad, y para nosotros intentar generar mecanismos de encuentros es bien importante.

 

El pedido de presupuesto de la Udelar y la deuda del Estado

La Udelar hizo un pedido de más de 800 millones de pesos para este año y advirtió sobre una situación crítica en caso de que no haya más recursos, incluso se señalaron programas que se ven sumamente comprometidos, y desde el gobierno no se les asignó ningún complemento. ¿Han comenzado las negociaciones con los partidos políticos? ¿Qué expectativas hay de que el Parlamento sea sensible a su pedido?


Reconocemos la realidad de crisis sanitaria, social y económica que tiene Uruguay, y entendemos que a la Udelar le correspondía priorizar con claridad. Las necesidades apuntan a potenciar todo lo que la Udelar puede hacer para colaborar para que el país emerja lo mejor posible de esta crisis y, en segundo lugar, evitar afectaciones en la calidad de la enseñanza. Hay un tercer componente que es mirar hacia el futuro en términos de creación de conocimiento endógeno en Uruguay.

Durante la discusión del presupuesto tuvimos más de 50 reuniones con legisladores, ahora empezamos ese proceso. He hablado con todos los partidos políticos con representación parlamentaria y veo receptividad a los planteos de la Udelar, porque estamos haciendo un planteo extremadamente razonable; no estamos solicitando lo que no nos dieron, sino recursos que hacen específicamente a que Uruguay salga mejor de esta circunstancia dramática. Veamos cómo se desarrolla la discusión parlamentaria. El año pasado nos pusieron un incremento cero, pero el Parlamento mostró mucha sensibilidad y salimos con una asignación presupuestal que no era la que pedíamos pero sí fue importante para el interior, para el régimen de dedicación total y para las becas.

 

En caso de que no exista este presupuesto para los programas que proponen, ¿seguirá haciéndose hincapié en ellos?

No, sin recursos estos programas no son viables. De hecho, el HC está en déficit y no se lo hemos trasladado al Poder Ejecutivo. En la rendición de cuentas del Fondo Coronavirus, a diciembre del año pasado, el HC había recibido unos 6.000 dólares. Si vemos lo que recibe el resto del sistema sanitario del país, hay una diferencia muy importante. Se refaccionó todo el CTI de cara a atender los problemas de la covid-19, se vacunó a 3.000 personas por día, sostuvimos eso con aportes nuestros que implicaron no avanzar en otras áreas.

Hicimos nuestro propio fondo redirigiendo recursos que se usaron para la compra de reactivos extremadamente caros, para los test diagnósticos, insumos básicos para el funcionamiento hospitalario, todo cubierto con fondos de la Udelar que, si volvemos a la presencialidad, los dejamos de tener.

 

¿El Estado sigue en deuda con la Udelar por los test y por otras contribuciones, o eso ya se pagó?

Recibimos una primera factura de 80.000 dólares hace cuatro semanas, que todavía no cobramos porque está en la órbita del Ministerio de Economía y Finanzas, de un total que supera ampliamente 1.200.000 dólares.

 

¿En qué está la negociación para cobrar ese dinero?

Está en proceso el cobro, no hay nada que negociar. Nos dicen que nos van a pagar, pero el proceso es extremadamente lento, y yo diría que no es acorde a los requerimientos de una institución que hoy está atendiendo una emergencia sanitaria como lo está haciendo la Udelar. Nosotros dijimos que nos hacíamos cargo del comienzo de este proceso, acordamos con el Institut Pasteur un precio y lo que podíamos proveer. Montamos tres laboratorios en el interior. Hoy solamente funciona el de Rocha, a cargo de la Udelar, porque tampoco hemos recibido un peso, pero las autoridades sanitarias nos pidieron que lo mantuviéramos abierto y lo hicimos en el ínterin, pero en el entendido de que vamos a recuperar esos recursos. No se ha hecho en tiempos razonables.

La matrícula viene en aumento y está previsto que siga creciendo. Por ejemplo, en la Facultad de Ciencias subió 50%.

Eso es una buena noticia. Tenemos cierta reestructura en el ingreso a la institución este año. Los jóvenes reaccionan al contexto donde se forman y 2020, claramente, generó un incentivo a que muchos estudiaran ciencias básicas o enfermería, por ejemplo. Pero hay otro problema de larga data: Uruguay no tiene resuelto cuáles son los espacios de inserción institucional que les va a dar a los egresados de estas facultades. El componente central sigue siendo la Udelar, el Institut Pasteur en algunas áreas, en el Clemente Estable lo mismo, pero el grueso sigue siendo la inserción universitaria, y eso no es bueno para el país. Para que sea claro, la Udelar no reivindica el monopolio de la investigación, sino que ojalá hubiera investigación de calidad en otras instituciones, ya sea públicas o privadas.

Es una excelente noticia para el país que pasemos los 21.000 estudiantes inscriptos. Ahora, atender 3.000 estudiantes más que el año pasado con menos recursos en términos relativos no es tarea sencilla y sin dudas va a afectar los estándares de calidad, sobre todo la posibilidad de generar estrategias de formación distintas. Ahí tenemos una dificultad y es otro componente que pedimos en el presupuesto. Les decimos que este año no pretendemos llegar a los estándares del vínculo docente-estudiante que pretendíamos en el presupuesto, pero que por favor no sigamos deteriorando este proceso, porque eso va a afectar la calidad.

Se agrega una capa más de preocupación: cuando volvamos a la presencialidad, hay dos gastos que se van a superponer. Teníamos una estructura de gastos asociada a la presencialidad y hoy tenemos otra asociada a la virtualidad, que está sostenida por economías que generamos por falta de presencialidad. Cuando estemos volviendo de forma progresiva vamos a tener que sostener ambos componentes, y eso puede implicar que se cierren algunas posibilidades para estudiantes.

 

Por este problema con el presupuesto, ¿está previsto que la Udelar ponga cupos en algunas carreras?

No. Por supuesto que afecta la calidad, negar eso es pensar que la Udelar puede hacer lo mismo con menos recursos. La posición histórica de la Udelar es que no se van a ubicar cupos salvo que sea absolutamente imprescindible. De hecho, queremos levantar los cupos. Es algo a lo que en este año tuvimos que renunciar, porque habíamos solicitado recursos para aumentar los cupos de la Escuela de Tecnología Médica y de Educación Física, para poner dos ejemplos extremos. No se van a dejar de dar carreras y no se van a limitar más los cupos que ya existen. Lo que va a suceder es que vamos a tener más estudiantes atendidos por menos docentes y con menos recursos, y eso afecta el proceso de formación. Ese es el problema central que tenemos.

 

¿Qué pasaría con los docentes jóvenes en caso de que no haya más presupuesto?

Eso tiene dos lecturas. El principal instrumento que tiene Uruguay para fomentar la dedicación en exclusividad de la docencia y la investigación es el régimen de dedicación total, que tiene cerca de 1.450 docentes. El año pasado nos preocupó mucho porque el mensaje del Poder Ejecutivo original fue que no iba a haber posibilidades de ingresar por los próximos cinco años. La discusión parlamentaria levantó esa restricción y eso para nosotros fue bien importante. ¿Cuál es el problema que tenemos hoy? Donde no tenemos chances objetivas es en el ingreso para carrera docente; para aquellos que ya están allí y que tienen nivel de formación de posgrado razonable va a estar abierta la posibilidad de ingreso al régimen de dedicación total, pero no tenemos posibilidad de crear cargos, salvo aquellos que sean por cuentagotas producto de las jubilaciones. Por lo tanto, corremos el riesgo que haya alguna generación de jóvenes que no puedan ingresar a la investigación y en la formación general en Uruguay, por eso estamos pidiendo algunos recursos que tienen que ver con generar oportunidades para los jóvenes.

 

El diálogo con el MEC y las otras instituciones de educación pública

La Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y la Universidad Tecnológica (Utec) sí tuvieron incrementos en su presupuesto el año pasado. ¿Sienten una diferencia en el trato por parte del gobierno?

No estamos compitiendo con el sector público. Nuestra vocación es construir un sistema nacional de educación pública terciaria que funcione, que comparta recursos, que tenga la posibilidad de tener carreras conjuntas, incluso ya tenemos algunas de posgrado con la ANEP. Instalamos algunas comisiones para ver si podemos avanzar en el otorgamiento de título de carácter universitario para formación docente junto con la ANEP. Por lo tanto, nosotros no estamos para competir por recursos con el sector público. Si uno suma todos los incrementos presupuestales que podían estar destinados a estas preocupaciones que planteamos, siguen siendo relativamente escasos para los desafíos que tenemos por delante.

 

¿Cómo es su diálogo y su relación con el ministro de Educación y Cultura, Pablo da Silveira?

Tenemos un buen vínculo, pero no tenemos instancias periódicas de coordinación, que es algo que habíamos señalado oportunamente con el debate de la LUC [ley de urgente consideración]. Pedimos que el sistema educativo público tenga instancias de coordinación periódicas y que estén pautadas con agendas claras que miren hacia adelante y que construyan también procesos de transformación de largo plazo en la educación pública. Esas instancias no han funcionado como tales porque no han sido convocadas.

 

¿Y en comparación con las anteriores administraciones?

Quiero ser muy claro y honesto. En las pasadas administraciones nos reuníamos periódicamente porque la Ley de Educación establecía esos ámbitos. Mi evaluación es que muchas veces coordinábamos con elementos que no eran sustantivos.

 

Da Silveira dijo a la diaria que la Udelar elabora proyectos sin tener el presupuesto y que después los cierra. ¿Qué reflexión le merece?

En la vida democrática hay que ser cuidadoso cuando se hacen afirmaciones rotundas y, en todo caso, ejemplificar. En la Udelar no hay ninguna carrera ni ningún proyecto que se haya abierto en forma permanente sin que cuente con la línea de financiamiento adecuada; sí partimos de la base razonable de que el presupuesto de la institución se mantiene, porque si no, estaríamos en un contrasentido de que hasta las carreras que abrimos tendrían que ser por cinco años y ver si le damos continuidad en función de la votación presupuestal.

El único componente importante de riesgo que tuvimos nosotros con respecto a la ley de Presupuesto tiene que ver con la carrera de Medicina en el litoral, que fue un pedido de todo el sistema político del litoral para que se sostuviera esa carrera. La Udelar la sostuvo con recursos permanentes, y el supuesto que hicimos es que íbamos a tener el mismo presupuesto en términos relativos. Sin embargo, el mensaje del Poder Ejecutivo era que el presupuesto caía de forma muy marcada.

Es bueno que cuando se hacen afirmaciones de esta naturaleza se pongan ejemplos claros sobre la mesa; ningún programa que esté abierto está sin financiamiento. Podemos tener, sí, la vocación de continuidad de algunos procesos. Por ejemplo, abrimos un programa de posdoctorado que no pudimos sostener, no hicimos llamados nuevos sin recursos, claramente cortamos esos llamados porque no teníamos los recursos para poder hacerlo. Nosotros hemos sido muy cuidadosos, tenemos una ejecución presupuestal muy prolija

 

¿Cree que el ministro dijo eso por falta de información sobre la Udelar, o por falta de diálogo?

Esa es una pregunta para el ministro.

 

El ministro dice que no hay rispideces con la Udelar, pero estas afirmaciones parecen ir por otro lado. ¿Cómo es tu relación con él?

Coincido con el ministro, no tenemos rispideces personales, pero no tenemos instancias de coordinación periódicas.

 

La Udelar y la pandemia

Respecto del rol que tuvieron varias instituciones científicas en la pandemia, ¿sentís que estuvo acompañado por una inversión del Estado en ciencia y tecnología?

Si bien la inversión en esas áreas, incluyendo la educación superior, aumentó en Uruguay en la última década de manera relevante, tenemos un atraso relativo importantísimo. Creo que lo más negativo son las señales espasmódicas: por un lado, recortes en marzo del año pasado con el famoso decreto del 15% que finalmente no se concretó, luego otros anuncios de recortes en el Pedeciba [Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas], de la ANII [Agencia Nacional de Investigación e Innovación], y después la reversión parcial de esos recortes. Los frutos de la investigación científica y de la educación superior se obtienen por políticas si se sostienen en el tiempo. Cuando tenemos comportamientos de esta naturaleza, que obligan a reacciones rápidas e inmediatas, estamos dando la señal de que hay pocas certezas sobre cuál va a ser el grado de inversión que va a tener Uruguay en la materia y, además, estamos dando malas señales a las nuevas generaciones que quieren dedicarse a estas áreas. Si queremos tener resultados de largo plazo, no podemos tener ciclos de inversión asociados a la evolución de la economía ni podemos tener movimientos espasmódicos de estas características, porque eso genera incertidumbre.

 

Uno de los recursos fundamentales que dio la Udelar es básicamente la estructura del GACH. ¿Cuántas horas a costo de la Udelar pudieron dedicarle los investigadores? ¿Tienen una cifra estimada?

No, y sería hasta mezquino hacer ese cálculo. Nuestra vocación el año pasado era que todo lo que podía hacer la Udelar en sus cuerpos docentes y colectivos: teníamos que hacerlo. Sí hay costos, por ejemplo, en atrasos en las respectivas agendas de investigación. Está afectando otras dimensiones creativas de los integrantes del GACH, como también afectó a otros grupos de investigación que dislocaron sus prioridades y se pusieron a trabajar y dedicar mucho tiempo para intentar aportar al Uruguay. Seamos claros, somos la Udelar, y en estos momentos críticos lo que teníamos que hacer era poner todo a disposición de esta realidad que atraviesa el país.

 

¿Qué queda de esta estructura que se montó desde la Udelar relacionada con la pandemia?

Vamos a ver. La iniciativa tiene que ser parte del cuerpo docente, estamos tratando de generar alguna propuesta que pueda darle continuidad a algunas de estas áreas. Lo cierto es que hay que aprender de la experiencia e intentar ver si la institución puede sostener estos funcionamientos interdisciplinares que han sido tan ricos en estos momentos. Esto sin recursos siempre es complicado.

 

Parte del pedido presupuestal también iba enfocado a la pandemia, como la “Investigación en la generación y producción de vacunas” y la “Investigación sobre el impacto social de la crisis”. ¿Sin presupuesto estas dos líneas no se desarrollan? ¿Qué avances hay sobre la producción de vacunas?

Estamos intentando que Uruguay se ubique en el plano que están haciendo otros países, que están montando infraestructura de investigación tanto en la generación de vacunas como en su producción. Esto no quiere decir que sea exclusivo de la Udelar, pero somos socios principales, porque una buena masa crítica está en la Universidad. Tenemos un costo estimado de entre diez y 15 de millones de dólares, tenemos contactos internacionales con universidades que están haciendo experiencias similares en la región. Lo que estamos proponiendo para el año que viene es casi un kit quirúrgico. Solamente son cinco millones de pesos para diseñar el instituto, para tener un proyecto ejecutivo que nos permita luego plantearle al Poder Ejecutivo, al Parlamento, este proyecto puede funcionar y está en condiciones de avanzar.

 

Elecciones universitarias

Las elecciones universitarias se deberían haber realizado en 2020, y según el rector se están pagando las consecuencias “de la postergación de eventos democráticos”. Arim sostuvo que “la no renovación de algunos ámbitos de gobierno universitario” tiene “algunos costos directos”; por ejemplo, los órganos de cogobierno funcionan con delegaciones acotadas. “En algunos servicios universitarios los estudiantes se recibieron, por lo tanto no tienen sustitutos, estamos con delegaciones estudiantiles parciales. En el mismo Consejo Directivo Central la lista total de suplentes y titulares de los integrantes de los órdenes no está funcionando por distintas razones”. Para Arim hay “una afectación en el funcionamiento institucional” y en particular en la conformación “de los órganos que terminan eligiendo decanos”. Si la marcha de la pandemia va como lo pensado, las elecciones se harán el 29 de setiembre.


Fotografía: Alessandro Maradei

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