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Afiche / imagen (noticias)

Fue la primer iniciativa de jardín de infantes en el marco de la Universidad de la República (Udelar) en todo el país y surgió de la necesidad y el esfuerzo de un grupo de jóvenes docentes que desarrollan actividades académicas de tiempo completo en la Estación Experimental “Dr. Mario A. Cassinoni” (Eemac) en Paysandú. Las acciones de expansión y regionalización de la Udelar en todo el territorio derivaron en el crecimiento de la presencia de docentes de alta profesionalización y alta carga horaria en la sede universitaria de Paysandú y con ellos llegaron sus familias y pequeños hijos.

Desde su apertura y hasta el momento el Jardín “Lanita” ha recibido a un total de 19 niños, menores de 3 años de 16 familias; 14 niños asistieron a actividades curriculares anuales y otros cinco a la modalidad de recreativa de verano.

“Lanita” funciona en el predio de la Eemac en una edificación cedida en comodato por la Facultad de Agronomía—que también cubre los gastos de electricidad y agua— y recibe niños de 0 a 3 años, hijos de quienes trabajan o estudian allí. El servicio es gestionado de forma general por la asociación civil Palsac, que integran en su mayoría madresy padresde los propios niños y funciona en horario extendido, de 8.30 a 16.30, con dos maestras y una auxiliar. El espacio cuenta con un área exclusiva para el amamantamiento y extracción de leche materna, a disposición tanto de las madres cuyos hijos hacen uso de este servicio como de aquellas que mantienen la lactancia diferida.

 

Trámites y proceso de creación

El Jardín fue inaugurado oficialmente el 15 de diciembre de 2016 gracias a la persistencia y el empeño de una comisión que posteriormente devino en la asociación civil, encargada de desarrollar diversas gestiones, desde la tramitación de las habilitaciones correspondientes hasta la autorización del Ministerio de Educación y Cultura (MEC). El proceso, duró varios años e incluyó, entre otras cuestiones, la solicitud al Consejo de Facultad de Agronomía de la cesión en comodato del espacio físico y la presentación al llamado 2015 de proyectos concursables para el “Mejoramiento de las condiciones generales de trabajo y estudio. Salud y Seguridad Laboral”. En esa instancia fue fundamental el apoyo y la orientación que brindó la Comisión de Salud y Seguridad de Estudiantes y Trabajadores (COSSET) de la Facultad de Agronomía. Este proyecto, cuya responsable fue la Ing. Agr. Ana Espasandín, resultó uno de los ganadores y el dinero obtenido fue invertido en la compra de equipamiento, electrodomésticos y juegos didácticos. Además, la comisión recibió diversas donaciones en equipamiento de la Agremiación de Funcionarios de la facultad (AFFAYD) y también la generación 2015 de estudiantes de Agronomía que pasaron por la Eemac realizaron un aporte para apoyar la instalación del jardín. A estos apoyos se suman familiares de los niños, así como docentes y funcionarios de la Udelar, que tienen gran cariño por el proyecto y hacen aportes con donaciones puntuales de materiales.

 

En busca de una sostenibilidad de largo plazo

El presupuesto mensual del jardín —incluyendo los salarios, aportes patronales, gestión de trámites, productos de limpieza y materiales en general— se sostiene financieramente en el pago mensual de las cuotas por niño que pagan las familias. El equilibrio entre la cantidad de niños que asisten y los requerimientos de docentes y responsables hace que la matrícula mensual no sea barata y que resulte a veces inaccesible, sobre todo, para estudiantes, funcionarios no docentes o docentes de ingreso.

“A lo largo del año hacemos algunas ventas de pizzas o rifas, organizamos alguna actividad para reunir alguno de dinero que nos permita alivianar los costos pero en realidad si queremos tener niños con becas porque sabemos que lo necesitan, la diferencia la tenemos que asumir el resto de los padres”, explicó Lía Randall, docente del polo de Moléculas Bioactivas e integrante de la asociación civil que gestiona el jardín.

El jardín les demanda también esfuerzos en las gestiones generales desde comprar los productos de limpieza hasta realizar los trámites relacionados con el personal contratado.

La iniciativa y el funcionamiento del jardín “Lanita” cuenta con el aval manifiesto de las autoridades universitarias en los ámbitos local, regional y nacional, sin embargo institucionalmente no se han destinado recursos financieros a su sostenibilidad.

Desde la asociación civil se han explorado posibilidades de viabilidad del proyecto a través de su incorporación a planes nacionales de educación como el plan Caif y El Sistema Nacional Integrado de Cuidados (Snic) a través del programa de apoyo específico para centros de educación y cuidado pero de acuerdo al número de niños y a las características del espacio en el que funcionan no ha sido posible calificar.

No está contemplada la figura de un jardín de infantes rural de este tipo y las exigencias de funcionamiento exceden la cantidad de niños que son nuestro público objetivo o no son suficientes la cantidad de metros cuadrados del local con el que contamos”, explicó Lía Randall como ejemplo de las limitaciones con las que se han encontrado.

Para la sostenibilidad durante el 2019 la Asociación de Docentes de la Universidad de la República (Adur) “nos está dando un importante apoyo económico que nos asegura el salario de una de las maestras durante todo el año”, destacó.

El espíritu es que el jardín sea de la Udelar yque sirva a la sociedad en general (lo que implicaría ampliación del comodato y otras habilitaciones). Que cuando suceda el egreso de los hijos de quienes actualmente integramos la sociedad civil el servicio se mantenga y pueda ir creciendo. Nos encantaría incorporar talleres y ampliar el proyecto pedagógico pero en las condiciones actuales el punto de equilibrio en el número de niños que asisten es determinante”, reflexionó Randall.

 

Visible necesidad

Varios funcionarios y estudiantes que pasaron por la EEMAC recuerdan que la idea de contar con un jardín allí es una idea que sobrevolaba desde hace tiempo con el objetivo de hacer más compatible la primera etapa de la maternidad y paternidad de forma compatible con la vida laboral o el estudio de grado o postrado. Las ventajas que significa la cercanía de los hijos durante la jornada laboral no es necesario que sean enumeradas, así como tampoco las dificultades cotidianas que supone la distancia de trabajar a 12 kilómetros de la ciudad con frecuencias acotadas de transporte público y sin vehículo propio en muchos casos. Para el caso de quienes se han radicado recientemente en el departamento se suma que la mayoría no tiene familiares cercanos que puedan ayudarlos con el cuidado y traslado de los niños.

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