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El viernes 10 de julio en el salón de actos de la Facultad de Ciencias (FCien) de la Universidad de la República (Udelar) investigadores de FCien presentaron a medios de comunicación, comunidad académica y público general, un hallazgo de gran relevancia para la paleontología nacional: una nueva especie de dinosaurio gigante que habitó el norte de nuestro territorio durante la Era de los Dinosaurios y que nombraron Mesetasaurus protector, en homenaje al prócer nacional, José Artigas.

El descubrimiento se realizó en base a dos vértebras encontradas en la década del 80 por dos pescadores de Barros Blancos, Daniel Montano y Guillermo Sena, en la Meseta de Artigas, departamento de Paysandú. Recientemente estas vértebras, pertenecientes a la cola del nuevo titanosaurio, llegaron a manos de los investigadores, una de ellas a través del liceo de Barros Blancos, institución a la que uno de los pescadores se la había donado y la otra a través del otro pescador que la había conservado en su casa. 

Una información interesante, valiosa y que impulsa el avance científico

El evento contó con la participación del decano de la Facultad de Ciencias, doctor Juan Cristina, y los docentes de la institución, doctor Matías Soto y doctor Daniel Perea, investigadores uruguayos integrantes del Grupo de I+D de Paleontología de Vertebrados de la Facultad, responsable de años de riguroso análisis filogenético, geológico y anatómico que han dado como fruto este hallazgo.

Cristina dio la bienvenida a los presentes, manifestó la alegría de la Facultad por el nuevo descubrimiento y felicitó al grupo de docentes y estudiantes que participaron en este trabajo. El decano destacó la importancia de esta investigación, «más allá del hallazgo de un nuevo dinosaurio, una información de por sí interesante y valiosa, tiene otros significados relevantes como los aportes al patrimonio nacional en diversos aspectos, entre ellos el homenaje al prócer; y el avance científico, no solo para Uruguay, sino también para la ciencia en general». 

Resaltó también que el descubrimiento aporta nueva información sobre lo que se sabe hasta el momento acerca de la antigüedad de los suelos sedimentarios del litoral oeste, donde se hallaron los restos, y las conexiones biológicas que unían a Uruguay con el resto del continente prehistórico. «Otro aspecto importante es el trabajo tan minucioso y sacrificado de los investigadores, que no se hace de la noche a la mañana», subrayó. Estas son, además, buenas noticias para la Universidad de la República, porque van en la línea de cumplir el compromiso que como Universidad tenemos con el país», concluyó.  

Una nueva especie

Perea, por su parte, recordó que el hallazgo de las dos vértebras se realizó en la meseta de Artigas, departamento de Paysandú, «un hermoso lugar, donde se encuentra un monumento al prócer, con un paisaje formidable y unas rocas que datan de unos 80 millones de años y que pueden aportar otros materiales interesantes o sea que es un lugar de mucho potencial para investigar la presencia de otros restos de dinosaurios». En ese sentido, las rocas en las que se encontraron las vértebras provienen de una zona cercana a la Formación Guichón, la capa de roca en el lado sur de la Meseta de Artigas, donde este tipo de rocas son muy abundantes y que ha aportado algunos fósiles muy interesantes ya hace unos años atrás. 

Acotó que el hallazgo fue publicado en una revista científica internacional prestigiosa y revisado por tres científicos de renombre del exterior del país, que no conocen a quienes desarrollaron el descubrimiento y son los responsables de validarlo o rechazarlo. «En este caso, los colegas han dado todas las pruebas objetivas de que esta es una nueva especie», señaló. Destacó asimismo que esta es la segunda especie uruguaya de dinosaurio que descubren las y los investigadores, la anterior fue el  Udelartitan celeste y que, si se le suman los estudios vinculados a estos hallazgos, por ejemplo la composición de los suelos de los territorios estudiados, potencialmente todas estas investigaciones puede aportar una ventaja significativa para el país.

Soto explicó que las piezas halladas son dos aberturas de la cola de un titanosaurio, un subgrupo de los saurópodos, dinosaurios de cuello largo, el grupo más común de dinosaurios que habitó Sudamérica durante el cretácico, hace más de 80 millones de años. «Ya se conocen más de 50 dinosaurios en Sudamérica de esta familia, este gran grupo de los titanosaurios, mientras tanto en Uruguay, habíamos descubierto uno en 2024, el Udelartitan celeste, que fue el primer dinosaurio gigante original del Uruguay y cuyos restos se encontraron en el mismo departamento y de la misma formación rocosa», recordó. 

Para identificar el tipo de dinosaurio al que pertenecen los huesos, los investigadores utilizan una metodología de la paleontología, la anatomía comparada, que consiste en comparar los huesos hallados con los de otros Titanosaurios y concretamente con los de los aeolosaurinos, un grupo de titanosaurios que vivió exclusivamente en el Cretácico Tardío, entre hace unos 89 y 66 millones de años y que tenían unas vértebras similares. «La prueba determinante de que las vértebras halladas pertenecen a un titanosaurio, es su forma, son cóncavas por adelante y convexas por atrás lo que les permite articular unas con otras», explicó Soto. 

Entretanto, para saber cuál era el subgrupo al que pertenecía el nuevo dinosaurio se compararon las vértebras con otros huesos hallados en Uruguay, por ejemplo una vértebra encontrada en los años 80 en una zona del departamento de Río Negro. Observaron diferencias entre esta y las halladas en la Meseta de Artigas, la principal que en las dos vértebras se puede ver una pequeña depresión o fosa ciega, que el hueso hallado en Río Negro no presenta. Asimismo llama la atención, porque es una característica muy rara, que la fosa está ubicada muy atrás, muy cerca de donde la vértebra articula con la que le sigue. «Esa posición tan retrasada de la fosa es la que nos demuestra que estamos frente a una nueva especie, porque no se había encontrado antes esta característica», afirmó. «Para saber que estás frente a una nueva especie se tiene que dar una de dos condiciones, o que en los huesos se presente una característica única, que no se haya visto en ningún otro animal, como en el caso del Mesetasaurus protector, o una combinación de características que aparecen en otros animales, pero que se presentan todas juntas solo en el que hallaste», explicó. 

Posteriormente los investigadores realizaron «un análisis filogenético que da por resultado una hipótesis de relaciones entre los distintos aeolosaurinos, organizando las siluetas de las distintas vértebras para comparar y saber de una manera objetiva, con quién está más estrechamente emparentado nuestro nuevo animal».  Las proporciones de las vértebras Mesetasaurus protector  les permiten estimar a los investigadores, que este animal tendría entre 9 y 10 metros de largo, un poco más pequeño que el Udelartitan celeste, que se calcula que alcanzaría los 15 metros de largo.

En cuanto a las necesidades de la Facultad de Ciencias para continuar y profundizar las investigaciones, Soto destacó entre ellas la de un mayor presupuesto para contar con los recursos necesarios para desarrollar las tareas de campo, realizar análisis en el exterior, de ser necesario, asistir a congresos y museos en el exterior y generar contactos internacionales para poder comparar los huesos encontrados en Uruguay con los hallados en otras regiones del mundo. Asimismo el acceso a las revistas científicas requiere recursos que con el acotado presupuesto del que dispone la Udelar no siempre es sencillo. Asimismo y no menos importante, resaltó la enseñanza de grado y posgrado que realizan en la Facultad y el acercamiento del conocimiento científico a la sociedad a través de la extensión universitaria que llevan adelante con estudiantes de escuelas y liceos de la zona. 

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