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El nuevo contexto país en el marco del Covid 19 ha llevado a realizar una gran batería de acciones para paliar la pandemia, así como para que la vida cotidiana de las organizaciones continúe funcionando. La Universidad de la República se ha destacado por su rápida capacidad de dar respuesta, desde sus medidas de paralización momentánea de dispositivos de enseñanza presencial para pasar a cursos en modalidad remota, hasta el hecho de poner a disposición, con velocidades incrementales, sus mejores capacidades científicas. Al mismo tiempo, le ha implicado, al igual que al resto de las organizaciones públicas y privadas, una reorganización del trabajo cotidiano, teniendo el desafío de repensar cada día nuevas formas de hacer las cosas, según el rumbo que vaya tomando la pandemia en Uruguay.

Toma entonces mayor visibilidad el papel y valor del trabajo, especialmente el de las capacidades humanas, que deben integrar el mejor uso de múltiples tecnologías. En este marco, se evidencia más claramente la diversidad de tareas, capacidades y singularidades a las cuales la organización tiene que atender.

Existe un nuevo orden de las cosas, nuevas necesidades y otras formas de organizar la cotidianidad del trabajo, lo que implica un desafío para todos los niveles de la organización. Identificar las tareas prioritarias que precipitan del mejor modo otras y en cuáles aplica o no el trabajo remoto, es un desafío para los ámbitos directivos y para cada integrante de quienes hacemos a la Udelar. Es importante destacar que esto requiere de responsabilidades múltiples, que van desde el cumplimiento individual de cada medida sanitaria, respetando y haciendo énfasis en la solidaridad colectiva, a asegurar la continuidad de las funciones de la organización, cuidando a cada integrante.

En este sentido, cuidar a las otras y otros implica considerar que si bien la relación entre trabajo y vida privada hace tiempo se ha puesto en cuestión, el presente contexto ha intensificado la presencia del trabajo en nuestra cotidianidad, mezclado con miedos y ansiedades ante lo desconocido o impredecible. Esto aplica de forma importante a quienes les toca hoy trabajar desde sus hogares, en donde el trabajo ingresa en la intimidad del espacio familiar. Y también en quienes por su tarea, indefectiblemente, deben seguir trabajando de forma presencial, en una organización que, ahora, funciona de otro modo.

Esta nueva organización del trabajo universitario plantea la necesidad de tomar en consideración la complejidad y diversidad que nos caracteriza, sumando a las diferencias de tipos de tareas y formas de abordar el trabajo, una infinidad de otras dimensiones de nuestras vidas que se encuentran alteradas en este contexto. Por ejemplo, tener o no menores y/o adultos mayores a cargo, distintas trayectorias y usos de herramientas para el trabajo remoto, hasta las medidas de higiene personal y del hogar. Se trata de un cambio rotundo de nuestras rutinas, lo que nos requiere nuevas y mayores capacidades para autoorganizar el trabajo y la vida íntima.

La organización objetivada en lo edilicio, en el lugar de trabajo cotidiano, ordena y acota un tiempo y un lugar en donde desarrollar las tareas. Esta conformación hoy es difusa, lo que implica un sobreesfuerzo, requiriendo de una readaptación constante para cumplir con las funciones laborales,
al tiempo que se van incorporando cotidianamente los cambios generales derivados de la evolución de la pandemia.

En el trabajo diario se redefinen, entonces, según cada tipo de tareas, lugares, objetivos y nuevas coordinaciones y mecanismos de comunicación en los equipos. En este marco, el cuidado de cada integrante debe ser redoblado, siendo esto responsabilidad de todas y todos. Lejos de ser solo esfuerzos y dificultades, estamos ante una instancia para producir los aprendizajes que se configuren en nuevas herencias para la organización.

Udelar, 26 de marzo de 2020
Equipo del Prorrectorado de Gestión
www.gestion.udelar.edu.uy

 

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